San Juan de la Cruz, pájaro solitario

/LITERATURA


Vuélvete, paloma, 

que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo y fresco toma
 
La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado; 
y ya la tortolica
al socio deseado 
en las riberas verdes ha hallado
 
Cántico espiritual
(canciones 13 y 34)

En las dos breves referencias a los místicos sufís en el este número de La Alcaparra – a Ibn Arabi (Murcia, 1165 – Damasco, 1240) y Fariduddin Attar (Nishapur, 1145 – 1221) – vemos numerosos pájaros místicos. Pájaros anunciadores, pájaros reyes, pájaros mensajeros de los dioses, profetas que aprenden el lenguaje de los pájaros, enamorados que se transforman en pájaros y pájaros que arden transformados en amantes de la divinidad, pájaros creadores de sombras y pájaros peregrinos de la caravana rumbo a la Meca (o monte Qaf). Estos pájaros no son simples metáforas sino que expresan la volubilidad y flexibilidad en las imágenes de los poemas místicos islámicos. Un intento de traducir el estado místico de amor a Dios a través de las metamorfosis e imágenes distantes, contradictorias y exuberantes.

San Juan de la Cruz (Fontiveros, 1542 – Úbeda, 1591) nacido Juan Yepes y Álvarez, de origen pobre y converso (quizás morisco por parte de su madre), fue perseguido durante su vida por sus ideas novedosas y la Reforma de la orden del Carmelo (tanto que compuso el inicio de su célebre poema Cántico espiritual voceando en su celda, memorizando a gritos sus versos o «dislates», como los llamó él). Además, tanto en su época como siglos después, sus versos y sus glosas han causado estupor en la miope crítica católica hispana. Ruptura de la sintaxis, imágenes mestizas («las ninfas de Judea»), confusión o contradicción entre los personajes (metamorfosis del Amado en «montañas y valles solitarios nemoroso», metamorfosis de la Amada o religiosa en «blanca palomica» y en «tortolica») e imágenes totalmente desconocidas para el lector occidental («en solo aquel cabello / en él preso quedaste, / y en uno de mis ojos te llagaste»). Y la descripción de un estado místico que roza la indecencia física («Gocémonos amado» «Entremos más adentro en la espesura», «a las subidas cavernas de la piedra nos iremos») – como en el sufí Attar, los pájaros / mariposas / religiosos arden con todo el fervor de Zoroastro.

Como he dicho, esta extrañeza poética y mística causó estupor en sus contemporáneos que nunca llegaron a comprender a San Juan. Más adelante, algunos críticos católicos muestran la misma incomprensión. Menéndez Pelayo en Estudios de crítica literaria (1915) dijo que sus versos le causaban «religioso terror» o Dámaso Alonso en La poesía de San Juan de la Cruz (1966) que le producían «espanto.»

 Su corrosividad y extrañeza duró pues en la recepción del poeta hasta el siglo XX. Sin embargo, la investigadora puertorriqueña Luce López-Baralt (tras los pasos del arabista español Miguel Asín Palacios) descubrió en los años 80 el sentido del «dislate» de San Juan. El origen de sus fuentes y sus imágenes debían buscarse no en la tradición occidental (impuesta a martillo por los Reyes Católicos tras la reconquista) sino en la tradición oriental (presente en España todavía en el siglo XVI, como demostró López Baralt, a pesar de los Reyes Católicos y su reconquista). La ruptura sintáctica revelaba claramente indicios de hebreo (San Juan somete el castellano a una «hebraización sintáctica», dice López Baralt; además, mientras San Juan estudiaba en Salamanca, Fray Luis de León enseñaba el hebreo y su traducción del Cantar de los cantares de Salomón, antes de ser procesado por la Inquisición por esto mismo); y las imágenes delirantes, volátiles, ardientes y sensuales (contradictorias, móviles: el amado es una montaña; luego es un ciervo; o una «cena que recrea y enamora») provenían claramente de la tradición mística sufí, que permanecía en España en la época de San Juan gracias a textos clandestinos (después de explorar los archivos engañosos de la Inquisición durante años, Luce López-Baralt al fin encontró las huellas moriscas después de la expulsión en 1613, ver La literatura secreta de los últimos musulmanes de España, 2009).

Así se comprueba que San Juan se suma a la búsqueda del sentido místico de los sufís, más allá de la razón y de la integridad física, hacia el fuego y la embriaguez; en una delirante metaforización desconocida en literatura castellana. Vuelo hacia el dios-pájaro, o dios de los místicos, invisible, luminoso, etéreo. Desgraciadamente nada queda del tratado de San Juan Las virtudes del pájaro solitario en que seguramente reflexionó sobre esta figura del pájaro rey presente en la cultura persa desde antes del islam (pájaro Simurg), y en la cultura árabe (pájaro Anqa), pues el libro fue destruido y perdido.

Juan Goytisolo escribió sin embargo una novela en homenaje a San Juan de la Cruz, aunque continuando su leyenda de personaje extraño, delirante y perseguido; y la llamó precisamente Las virtudes del pájaro solitario (1988) en un intento de reconstruir ficcionalmente este tratado. 

Bibliografía complementaria: 

SAN JUAN DE LA CRUZ, Obra completa, 2 tomos, Edición de Luce López-Baralt y Eulogio Pacho. Alianza Editorial, Madrid, 1991. 2ª ed. 2003, 3ª ed. 2015. 

ASÍN PALACIOS, Miguel, Huellas del Islam. Santo Tomás de Aquino, Turmeda, Pascal, San Juan de la Cruz. Espasa-Calpe, Madrid, 1941. 

LÓPEZ-BARALT, Luce, San Juan de la Cruz y el Islam. Colegio de México / Univ. De Puerto Rico, 1985. 

Huellas del Islam en la literatura española: de Juan Ruiz a Juan Goytisolo. Hiperión, Madrid, 1985. 

—«A zaga de tu huella»: la enseñanza de lenguas semíticas en Salamanca en tiempos de San Juan de la Cruz. Trotta, Madrid, 2006. 

La literatura secreta de los últimos musulmanes de España. Trotta, Madrid, 2009. 

 

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