Malditos sean por siempre

(abucheo)

Cuando en La Alcaparra nos enteramos de que nuestra querida Espasa le había concedido su prestigiosísimo premio de poesía a un robot (o a alguien a quien, de existir y ser humano de verdad, más le habría valido ser un amasijo de chips y chapas, para así no hacernos sentir a los demás una vergüenza ajena tan tremenda) no supimos muy bien si reír o llorar. La noticia era, desde luego, indignante para unas grandes paladinas de la literatura de calidad como somos nosotras, y no negaremos que nos sentimos muy tentadas de alzarnos en armas y llamar al pueblo a la insurrección contra la ofensiva editorial. Pero, al mismo tiempo, no podíamos evitar admirar lo absurdo y patético de la situación, el delicioso tufo a decadencia que, desde hace años, exhalan los premios literarios de los grandes grupos editoriales, que han secuestrado y adulterado la poesía acogiendo bajo su ala protectora a lo más selecto de la basura que puebla internet.

Poniéndonos serias, habríamos de decir que el robopremio (¡menudo palabro, qué rico en sugestiones y dobles sentidos!) no es más que el último escándalo en un mundo literario en el que, cada vez más, importa la red de contactos que el talento, y el número de seguidores que la calidad. Hemos asistido, desfallecidas, al ascenso y auge de los poetastros del instagram y del twitter, de esos señores y señoras casi treintañeros cuyos poemas son, sin embargo, propios de la sensibilidad enrarecida y a medio formar del adolescente en pleno estallido hormonal: cursis, insulsos, banales. Hemos asistido a su encumbramiento, y a su asalto a las secciones de poesía de las librerías. Y, siendo sinceras, quisiéramos asistir, antes de que el coronavirus nos lleve a todas por delante, a su decadencia y caída no solo en el olvido, sino también en el silencio; y rezamos (en sentido figurado; las alcaparras no sabemos rezar) porque arrastren con ellas a todos aquellos sinvergüenzas, a todos aquellos proxenetas del lenguaje, que los auparon a las alturas del Parnaso. Malditos sean por siempre.

Compartir:

Deja una respuesta