Adiós, Eurídice

/POESÍA

· María Piékar ·

Cuando Orfeo miró para atrás
vió desvanecerse
con tres gritos de su propia garganta
a Eurídice,
su amada por la cual atravesó todo el Hades,
y más allá del perro de tres cabezas,
conmovió a Perséfone,
la del corazón helado. 

Cuando Orfeo miró para atrás
no supo
que no estaba solo en ese movimiento.
Ya había pasado tantas otras veces
en la historia de los pactos
entre los hombres y los dioses.

Le pasaría a la mujer de Lot
de transformarse en estatua de sal
por darse vuelta a ver
mientras ardía
a su ciudad natal.

Y le pasa a mi abuela
ahora mismo
mientras en el barco que atraviesa el Río de la Plata
la traemos a Argentina
a morir
y se gira
a mirar
por última vez
la costa de su Uruguay,
esa arena amarilla,
que nunca va a volver a pisar.

Y mi madre se gira a verla,
y mi hermana y yo nos giramos a ver a nuestra madre
inconscientes
como Orfeo
como la mujer de Lot
del precio que vamos a tener que pagar
del precio que se paga
cuando se mira atrás. 

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